LA MUJER Y EL DEPORTE

La incorporación del sexo femenino al mundo del deporte se ha caracterizado por ser lento
y lleno de obstáculos. Hasta nuestro días, en ciertos países y disciplinas, la mujer se
encuentra por fuera de determinados ámbitos deportivos.
Si nos remontamos al año 776 AC, encontramos el primer registro de competencia
olímpica en Grecia. Durante los meses de julio y agosto, se llevaban adelante los juegos
públicos que tenían como objetivo la paz de los pueblos.
En el santuario de Olimpia, las mujeres no tenían lugar, ni como deportistas ni como
espectadoras; solo las mujeres solteras podían ingresar.
Cuenta la historia, que el creador de los Juegos Olímpicos Modernos (JJOO) el barón
Pierre de Coubertin, estaba totalmente en contra de la participación de la mujer en las
disciplinas deportivas. Esto ocurrió en el año 1894 en la Universidad de La Sorbona en
París.
Según los registros de la época y los testoimonios, la mujer tuvo su primera participación
en el año 1900, en los JJOO de París, pese a la oposción inicial de los organizadores.
Charlotte Cooper fue la primera mujer en participar, ganó Wimbledon en tres ocasiones.
Entre las disciplinas permitidas por los organizadores se encontraban: golf y tenis.
Participaron seis mujeres, se consideró una participacón extraoficial.
Tambié, desde la Iglesia Católica, se escucharon voces que se oponían a la participación
del sexo femenino en el deporte. El Papa Pío XI se manifestó en contra. Sin embargo, en
disciplinas como el atletismo, la natación, el esgrima y la gimnasia, las mujeres
comenzaron a tomar protagonismo.
Los JJOO de Ámsterdam en el año 1928 fueron el punto de inflexión. En ellos participaron
unas 300 mujeres. Ya en las Olimpíadas de Atlanta en el año 1976 lograron superar los
obstáculos y estuvieron presentes en todas los deportes.
Según datos del Comité Olímpico Español (COE), en los JJOO de Tokio se batió un récord
de 131 mujeres; un 41,7% de los 314 deportistas.

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