LA MANO O EL BOSQUE

Nacional obligado a ganar los dos últimos partidos en el Gran Parque Central contra Vélez
Sársfield y Bragantino en procura de alcanzar la clasificación a octavos de final de la Copa
Libertadores de América. Esta es la resultancia de la derrota sufrida en La Plata ante
Estudiantes por 1 a 0.
Seguramente a los fanáticos tricolores los seduzca mucho más cargar las tintas contra el
árbitro por la mano (brazo) del zaguero Noguera no sancionada como penal, que analizar en
profundidad las debilidades que el equipo mostró en su funcionamiento, principalmente en
las áreas, zona de resolución de los partidos. Entre los errores más severos se incluye el gol
de la victoria pincharrata en el cierre del primer tiempo a causa de una desatención defensiva
cuando Brian Ocampo se retiraba lesionado, provocando una alteración psicológica
mayúscula antes del descanso que además empujó al equipo uruguayo a salir urgido al
segundo tiempo. Nacional ratifica pasajes muy interesantes de su juego con orden táctico,
intensa presión en campo adversario y rápida recuperación de pelota, pero es reiterativo que
su dominio no se traduce en peligro real sobre el arco rival, y concomitantemente cuando lo
ofenden, da ventajas que habitualmente obligan a grandes atajadas de Sergio Rochet.
Nacional luchó el partido con mucha vergüenza deportiva, fue competitivo pero no le alcanzó
porque nunca exigió grandemente al golero local Mariano Andújar, señal inequívoca de los
aspectos sustantivos del juego, tanto así como los cabezazos de Agustín Rogel y compañía,
que provocaron oportunas y decisivas intervenciones del portero tricolor, o la férrea defensa
del ex Nacional sobre Emanuel Gigliotti, que no pudo incidir en el encuentro ya sea por la
marca del zaguero o porque el colectivo no lo ayudó.
Nacional mostró cierto orden táctico, logró limitar el automatismo del equipo de Ricardo
Zielinski, por momentos gobernó el trámite, pero falló en la definición. Fue una expresión
carente de profundidad y contundencia, cuestiones ineludibles para un equipo que pretenda
sumar de visitante.
La decisión del árbitro de no sancionar penal en la última jugada del partido se basa
estrictamente en la interpretación en función del reglamento, y es inevitable que encienda el
debate y la polémica, así como el malhumor del final por los tres puntos perdidos. Pero en
ningún caso ésta acción del juego puede o debe eclipsar el contenido, lo más importante, el
bosque. La Copa no admite errores ingenuos, exige intensidad, regularidad y contundencia.
Nacional, ya sin margen de error, deberá trabajar para corregir imperfecciones y así nutrir la
ilusión de avanzar a la siguiente ronda del máximo torneo continental de clubes.

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