ALONSO EN EL CAMINO MAESTRO

Me preguntaron antes de la elección de Alonso, quién debería ser el nuevo DT de la selección uruguaya. Tal vez decepcioné a quien esperaba una respuesta rimbombante, la mía fue simple y compleja a la vez, admito, con poco ruido para la tribuna: el nuevo entrenador debería ser un profesional que calificara para el cargo, o sea, que reuniera las credenciales para tan privilegiada responsabilidad.

Traté de explicarle que mi esencia periodística no incluye la competencia para designar o destituir entrenadores, además de no contar con la idoneidad en la materia, entiendo un grueso error arriesgarme a condicionar mi futuro comentario, ya que consciente o inconscientemente, podría comprometer mi juicio crítico haciendo una falsa defensa o justificación del entrenador que “yo” también elegí.

Tristemente, fomentar la grieta en Uruguay, se ha vuelto moneda corriente. La prudencia y el respeto son valores que cada día pierden un poco más de terreno. Perversamente han instalado esta división entre los pro Tabárez y pro Alonso, aunque intuyo que la discusión e intencionalidad va más allá del fútbol.

Si bien la grieta nos invade insolentemente buscando maliciosamente encender odios, y lamentablemente la perspectiva de futuro no es muy alentadora, persistiré en mí humilde intento de reconocer y valorar los 15 magníficos años del proceso encabezado por el maestro Tabárez, así como también esperaré con singular expectativa el éxito del ciclo del “Tornado” Alonso, que felizmente comenzó con el pie derecho revirtiendo una situación deportiva adversa para alcanzar la clasificación a la Copa del Mundo de Qatar. Deseo fervientemente que esta nueva etapa encuentre también estabilidad y crecimiento en la búsqueda de nuevos objetivos, que en ningún caso deberían abandonar los pilares de organización, respeto y sentido de pertenencia que transmitió el proceso anterior sobre las bases de la formación integral del deportista, que entre sus logros más importantes, incluye el reconocimiento de Uruguay en la élite del fútbol internacional, y a pesar que algunos absurdamente  minimizan clasificar a cuatro mundiales consecutivos, está claro, que tal objetivo no se alcanza por casualidad.

El logro más valioso que acaso no seduzca a los resultadistas ni a los codiciosos de turno, es volver a ver al pueblo uruguayo hermanado con la celeste, después de años de descreimiento, niños, jóvenes y adultos, volvieron a creer y a sentirse parte de esta ilusión.

Por: Carlos Bardakian.

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